diciembre 15, 2008

 

El misterio Van Walsum. Ana Camacho

A Peter Van Walsum le dolió que el Frente Polisario exigiese su cese del cargo de enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara marcándole con el estigma de promarroquí. No se ha resignado a que su tesis ("la independencia del Sáhara no es un objetivo realista") haya sido, dice él, objeto de una injusto malentendido. Pero cuanto más se esfuerza por deshacer el entuerto, más relevancia cobra su realismo como referencia obligada para todo aquel que defiende que la mejor solución para el conflicto del Sáhara pasa por la renuncia del pueblo saharaui a la independencia y su integración en Marruecos. Tampoco ha beneficiado a su empresa el triunfalismo con que en Rabat han ido recibiendo toda muestra de solidaridad con la actuación del diplomático holandés (la del ministro Moratinos, incluida), como si con ello se demostrase que se ha abierto una "nueva vía" en la ONU dispuesta a hacer tabla rasa del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Mientras, Van Walsum ha hecho su propio diagnóstico del por qué del rechazo saharaui: la culpa, dice, no la tiene ni la diplomacia marroquí ni la del Polisario sino la sociedad española que da “falsas esperanzas” a las víctimas de la política expansionista marroquí.[1]

Ningún alto cargo de la ONU había identificado hasta ahora este peculiar problema entre las causas que, desde 1991, mantienen el plan de paz para el Sáhara estancado. Lo que viene a decir Van Walsum es que, como la ONU no es capaz de hacer sus deberes en el Sáhara, para evitar que los refugiados saharauis sigan sufriendo en su penoso y precario exilio, las decenas de miles de españoles que desde hace 33 años apoyan su resistencia deberían cambiar de actitud. En lugar de contribuir a “prolongar la agonía” deberían desplegar su poder de influencia para que los saharauis acepten el plan de autonomía de los invasores o, por lo menos, no seguir alentando su fe en que las Naciones Unidas, algún día, lograrán cumplir su cometido. Para dejar claro que él no es promarroquí pone muy de relieve que lo que promueve (una negociación entre Marruecos y Polisario sobre la autonomía) no es la solución ideal sino la posible, dada la ventaja que “la realidad política” (la ocupación de la mayor parte de la colonia española) da al rey Mohamed.[2]

Después de semejante línea argumental, uno esperaría un llamamiento a la reforma de la ONU. Pues no, Van Walsum reserva las críticas exclusivamente a los propolisarios y ninguna a esos fallos del sistema que impiden a la ONU celebrar el referéndum que le prometió al pueblo saharaui a cambio de que abandonase las armas. Es más, ni siquiera alude a la necesidad de resolver problemas de inoperancia a pesar de reconocer sin rodeos que el derecho está de parte de los saharauis y que "Marruecos debe asumir la total responsabilidad de que el referéndum sea irrealista e irrealizable" [3]. Lo suyo se limita a una queja sobre la incapacidad de la sociedad española por no entender que él sólo pretendía abrirle los ojos a los saharauis sobre lo que hay (la imposibilidad de que el Consejo de Seguridad desbloquee la situación contrariando a Marruecos). Si la realidad política fuese otra, añade, su opción sería muy distinta. Por el bien de los saharauis, por lo visto, confiaba en que los apoyos del Polisario en España acabarían echándole una mano para hacerles entrar en razón. “Por desgracia”, se lamenta, “lo que los partidarios del Frente Polisario le prodigaron generosamente fue precisamente esa clase de ánimo. Insistían en que tarde o temprano el Consejo reconocería que había que respetar la legalidad internacional y obligaría a Marruecos a aceptar un referéndum que diera como opción la independencia”. Curioso. Aparentemente, Van Walsum todavía no ha perdido la esperanza de que sus recomendaciones triunfen, y, sin embargo, sus razonamientos no parecen estar hechos para convencer sino para decepcionar e indignar. Conociendo un poco a los propolisarios, (y él ha estado sobre el terreno tres años) cualquiera sabe que, por ese camino, tiene todas las papeletas de la rifa para dejar atónito, como mínimo, al público al que supuestamente va dirigido el mensaje.

El movimiento prosaharaui está muy acostumbrado a que los aliados de Marruecos, entre ellos el Gobierno de Zapatero, hagan llamamientos a este tipo de realismo y responsabilidad. Faltaba en su muestrario que la iniciativa viniese desde un alto cargo de la ONU y con argumentos cuyo fondo conduce a una duda de contenido altamente tóxico: ¿Para qué sirve entonces la ONU?

Como era de esperar, en Rabat -donde consideran a Van Walsum la musa de ese realismo proautonomía que caló en el texto de la resolución 1813 del pasado abril-, han vuelto a aplaudir. [4] “Ya advertimos” -vienen a decir-, “que esos solidarios españoles son unos irresponsables”.[5] Allí, por supuesto, no se plantean ni les importa que, para aceptar este tipo de responsabilidad esos “ingenuos” españoles tengan primero que abjurar de su fe en el órgano estrella del multilateralismo. Como ha denunciado Western Sahara Resource Watch, sólo con el expolio de los fosfatos que extraen del Sáhara que ocupan sus fuerzas militares, el régimen alauita se embolsa cada año 1.500 millones de dólares [6]. Luego están los ingresos por la pesca, por la venta de la arena, el posible petróleo, el negocio turístico con Canarias como rampa de lanzamiento… así que lo normal es que para el régimen de Rabat la credibilidad de la ONU ocupe un lugar muy secundario en sus prioridades. Lo sorprendente es que a Van Walsum tampoco parece que le preocupen los daños colaterales que implican sus reflexiones para el prestigio onusiano. Mucho más extraño, es que en la ONU, donde tanto se cuidan las formas, le dejasen ir tan lejos.

Que un Alto Responsable del proceso de paz para el Sáhara de la ONU acabe siendo considerado por el lobby promarroquí como uno de los suyos no es nuevo ni para los saharauis ni sus simpatizantes de todo el mundo. Es el caso de Erik Jensen, antiguo jefe de la misión permanente de la ONU en el Sáhara Occidental (MINURSO) que ha sido una de las voces que se ha apresurado a mostrar su firme apoyo a la “valentía” con la que Van Walsum ha proclamado que la independencia del Sáhara no es factible. [7] Pero a Jensen, no se le ocurrió defender la opción contraria a las aspiraciones saharauis tras reconocer, como ha hecho Van Walsum que, entre las dos partes en litigio, hay una que se toma por montera el derecho internacional y otra que sufre sus consecuencias. Lógico, porque independientemente de cuáles sean las convicciones personales sobre el asunto, este tipo de premisas incitan al oyente a preguntar qué es lo que le impide a la ONU dar un puñetazo sobre la mesa para que los marroquíes (los infractores), cumplan con la Ley. Es lo mínimo que puede ocurrir con una audiencia que, efectivamente, comete la imprudencia de seguir ilusionada con la idea de que los principios y objetivos que fueron la razón de ser del alumbramiento de la ONU son la mejor de las recetas para garantizar la paz y la justicia en el mundo.

Como decía el embajador Jaime de Piniés, prestigioso y entusiasta fan de la ONU, "todo está en la Carta" (de la ONU). Él era uno de esos ingenuos que dan por hecho que, con este valioso instrumento, todo el que tenga la Ley de su parte, por muy insignificante que sea, tiene posibilidades de salir a flote si se arma de paciencia y no se rinde. La Carta, por ejemplo, recalca entre las tareas que le corresponden al organismo: "Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz" [8]. Justo lo que necesita el pueblo saharaui porque, como admite el propio Van Walsum, el agresor en el Sáhara es la monarquía alauita que, en 1975, invadió un territorio que el Tribunal Internacional de La Haya acababa de confirmar que no es suyo. Luego, si los saharauis tienen que resignarse y conformarse con una solución que no es la ideal, será que nos encontramos con un problema en Naciones Unidas que va más allá del puntual asunto del Sáhara.

Que en la ONU algo falla tampoco es noticia. La nueva guerra en el Congo nos lo recuerda cada día y con imágenes tan potentes como las de las víctimas de la violencia protestando a pedrada limpia contra la pasividad de los cascos azules de los que esperaban, inútilmente, protección. El problema es que sembrar la duda sobre la capacidad de actuar de Naciones Unidas no se estila entre los obreros de la paz como Dios manda. Es un camino que sólo suele tomar gente a la que no le importa quedarse sin promoción, ni sufrir el riesgo de la expulsión. Véase el caso de Frank Ruddy que fue número dos de Jensen en la MINURSO durante 1994 y que llegó a conclusiones muy diferentes a las de su entonces jefe: sus críticas al funcionamiento de la ONU en el Sáhara le valieron convertirse en la primera persona en la historia de la organización a la que un secretario general (Boutros Boutros Ghali) prohibió testificar en los debates de la Cuarta comisión (la de descolonización) dedicados al tema. [9] Otro estadounidense, el ex embajador ante Naciones Unidas John Bolton, también fue señalado por el funcionariado onusiano como un enemigo a abatir por defender que, si no se opera una reforma, la ONU corre el riesgo de perecer de inutilidad. Con la ayuda de los supuestos militantes del multilateralismo, que marcaron a Bolton con la etiqueta de facha e infiltrado del imperialismo de Bush, no cejaron hasta que le vieron fuera de su templo.

Jensen, en cambio, se evitó estos disgustos con esa teórica geopolítica que sitúa su piedra filosofal en lo bien que le va a venir a la estabilidad del Magreb un Gran Marruecos con el Sáhara integrado en sus fronteras. En lugar de denunciar, como hizo Ruddy, que Marruecos estaba robándole el referéndum a los saharauis y que la ONU, con su pasividad, se había vuelto cómplice de las tropelías de las fuerzas de ocupación, le echó la culpa del continuo aplazamiento de la consulta al complejo entramado social de las tribus del Sáhara que, en su opinión, era lo que hacía imposible la actualización del censo de votantes.

A pesar de estas “dificultades técnicas”, la ONU anunció en julio de 1997 oficialmente una lista de votantes definitiva integrada por 84.251 electores que el propio ministro del Interior marroquí, Driss Basri, recibió como "un gran éxito" para Marruecos: la mayoría de los seleccionados, dijo entonces, habían sido presentados por su país, y no por el Frente Polisario, lo que se suponía aseguraba la victoria de la integración en el referéndum anunciado para el año siguiente[10]. Como es evidente, la consulta sigue sin celebrarse y Jensen sigue poniendo mucho énfasis en sus conferencias e intervenciones en las dificultades técnicas (a las que dedicó un libro) para celebrar el referéndum y lo necesario que es para el bienestar, la paz y desarrollo de la región magrebí que el pueblo saharaui sacrifique sus derechos. Lo ha repetido recientemente, por ejemplo, en su testimonio ante los debates de la Cuarta comisión de las Naciones sobre el Sáhara donde a los tipos políticamente correctos como él, nunca vetan[11].

Para despistar, los defensores de Van Walsum, especialmente los que proliferan en Rabat, dicen que lo que les ha molestado a polisarios y simpatizantes es la valentía con la que el diplomático ha puesto negro sobre blanco unas verdades que, por muy dolorosas e incómodas que sean, resultan ineludibles. Estas verdades, que irremediablemente le llevan a apostar por la opción autonomía saharaui son las que conforman la determinación del Consejo de Seguridad a que la solución del conflicto sea por consenso entre las dos partes. Como bien dice, no es realista esperar que el rey Mohamed se avenga de motu propio a la celebración del referéndum que teme perder si puede seguir sacando provecho del saqueo del Sáhara sin que la ONU se lo reproche. Mientras así sea, perseguir una solución que implique el consenso de la parte marroquí sólo podrá lograrse si el Polisario acepta la única solución factible para el régimen alauita: la anexión.

Imponer la solución autonómica sin que el pueblo saharaui haya renunciado (la parte marroquí no es sujeto de derecho) no encaja con la doctrina de la ONU. Sí lo haría imponer a Marruecos la organización del referéndum pero, para ello, el Consejo de Seguridad debería pasar del capítulo VI (solución por la vía pacífica) al capítulo VII (que prevé un posible uso de la fuerza). Como Marruecos cuenta con potentes apoyos en el Consejo de Seguridad con derecho a veto (Francia), estamos con la pescadilla que se come la cola mientras los refugiados saharauis siguen malviviendo en los campos del exilio.

Si el discurso de Van Walsum se ha topado con el rechazo de saharauis y simpatizantes no es por estas amargas realidades sino por esa segunda parte con la que intenta convencerles de que, no claudicar ante este contexto, es obrar con la táctica del avestruz. Por lo visto, lo que espera de la sociedad española es que mire hacia otro lado como hicieron las democracias del período de entreguerras, en nombre de la paz europea, con la Checoslovaquia y Austria engullidos por el expansionismo nazi. Un argumento muy sensato que puede confundir al iniciado que, muy probablemente, también se acabará creyendo esa aureola con la que los promarroquíes intentan convertir a Van Walsum en el primer enviado personal de la ONU que ha expresado alto y claro estas verdades del barquero. Su conclusión será que sus vecinos que en verano acogen a niños saharauis son una banda de exaltados y viscerales sin remedio porque, entre otras cosas, tanto desde la diplomacia marroquí como la española se están haciendo esfuerzos ímprobos para que la opinión pública cometa el error de ver similitudes entre el conflicto del Sáhara y el terrorismo de ETA.

¿Qué pasa en cambio con los solidarios que se conocen al dedillo los meandros por los que navega a la deriva la misión de paz del Sáhara? Se supone que es a ellos a los que quiere convencer Van Walsum. Pues que venderles este análisis como un novedoso descubrimiento tiene el aroma de una nueva tergiversación. Ni Van Walsum es el primer enviado personal del secretario general de la ONU que se ha atrevido a formular en voz alta las dificultades que el Consejo de Seguridad plantea a los saharauis, ni sus reflexiones aportan nada nuevo a lo que ha sido el contexto estratégico con el que ha tenido que trabajar la diplomacia saharaui desde la invasión marroquí.

Que Marruecos es la parte responsable de haber bloqueado los intentos de la ONU por organizar el referéndum de autodeterminación, ya lo había reconocido públicamente el anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan. Que el empeño del Consejo de Seguridad de la ONU por buscar una solución de consenso en la práctica es una trampa que evita el riesgo de presiones al rey Mohamed VI, ya lo dijo en términos muy similares a los de Van Walsum uno de sus antecesores en el cargo de representante personal, el ex secretario de estado norteamericano James Baker. La diferencia, sin embargo, es que así como a Van Walsum este realismo le ha costado la desaprobación saharaui, en el caso de James Baker, el suyo le valió la declaración de guerra de la diplomacia alauita.

Baker, por ejemplo, tras siete años a vueltas con la cuestión del Sáhara, llegó a la conclusión de que si el conflicto no se resuelve es porque "Marruecos está absolutamente decidido a quedarse allí" y sus gobernantes nunca van a correr el riesgo de celebrar un referéndum que tienen la certeza de perder, aunque en la consulta votasen todos los colonos marroquíes que residen en los territorios ocupados y que triplican a la población autóctona. [12] Baker lo sabía muy bien porque esa fue la salida que le dio a Hassán II en el nuevo plan que fue aceptado por Hassán II y el Polisario, y votado unánimemente por el Consejo de Seguridad de la ONU en la resolución 1495. De nuevo, Marruecos rompió la baraja. Como explicó Baker, para imponer la Ley al Consejo de Seguridad no le hubiese quedado más opción que hacer pasar la cuestión al Capítulo VII, donde se puede forzar a una de las partes a hacer algo que no quiere hacer. Lo que impidió que el Consejo de Seguridad repitiese con el Sáhara lo que había hecho con el Kuwait invadido por Saddam Hussein, Baker también lo explicó sin pelos en la lengua: en el Consejo de Seguridad, ninguno de sus miembros quiere correr el riesgo de ganarse la enemistad de Marruecos o de Argelia, adoptando una posición firme".

Sería propio de los que viven en la inopia no saber a estas alturas que ese apoyo constante e inequívoco que Francia lleva dando a Marruecos en el Consejo de Seguridad, arrastrando a todas aquellas diplomacias que buscan su colaboración en otros escenarios, es en buena medida el responsable del lenguaje y actitud tolerante que destila este órgano onusiano con los abusos marroquíes en el Sáhara ocupado.

Tenemos, por ejemplo, el solemne discurso que el sucesor e hijo de Hassán II (iniciador del conflicto del Sáhara) hizo el pasado julio, con ocasión de la fiesta del trono: por un lado el rey puso mucho énfasis en su predisposición al diálogo con Argelia para construir unas relaciones de buena vecindad entre los dos pueblos hermanos y hallar una solución al conflicto del Sáhara que (ahora ya lo reconoce abiertamente), es la causa de que las fronteras entre los dos países permanezcan cerrada. Todo un talante conciliador que se corta en seco en cuanto toca el punto sobre las posibles soluciones: ni hablar de un referéndum que de la posibilidad a los saharauis de elegir entre independencia y anexión. La independencia del Sáhara es una ilusión irrealista porque para eso tiene, recordó, a las Fuerzas Armadas Reales, a la Gendarmería Real, la Seguridad nacional, la Administración territorial, las Fuerzas auxiliares y la Protección civil que “están movilizadas permanentemente" y que "rechazarán cualquier intento" de obligar a Marruecos a abandonar su soberanía sobre el Sáhara.[13]

Más claro el agua. El rey Mohamed le decía una vez más al mundo, y en especial a sus vecinos argelinos, que pasa olímpicamente de las resoluciones de la ONU que defienden el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y que el Sáhara es suyo o por las buenas o por las malas. Pero lo que en boca de un dirigente de Corea del Norte o Irán sería inmediatamente condenado como un nuevo desafío a la comunidad internacional, no recibió la más mínima amonestación.

La comparación le resultará de lo más exótica a un no iniciado en los entresijos del por qué del bloqueo de este plan de paz. Para los prosaharauis españoles, auténticos obsesos del rastreo informativo de un asunto en el que ven la prolongación de las carencias e incapacidades de la política de la ONU y de los Gobiernos españoles, brota con la misma naturalidad del dos y dos son cuatro. La reciente ola de represión en los territorios ocupados, por ejemplo, es una nueva mina de conclusiones realistas que es imposible no conectar con ese otro fiasco que la pasividad de los cascos azules acaba de culminar en el Congo. A estos supuestos utópicos, no se les escapa el hecho de que una de las causas de la nueva guerra internacional en el África central tiene que ver con esas amistades en el Consejo de Seguridad con que los responsables de la matanza de tutsis y hutus contaron para acabar convirtiendo a los cascos azules sobre el terreno en encubridores y garantes de la retaguardia de los asesinos. Imposible no establecer una relación con las dificultades que la diplomacia saharaui lleva lidiando desde 2006 para que salga de la clandestinidad el informe del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos que deja en muy mal lugar la credibilidad democrática del Gobierno marroquí. De nuevo, el problema de no contar con tan buenos contactos en el Consejo de Seguridad como sus contrincantes marroquíes. Efectivamente, habría que ser muy ingenuos para confiar en que el rey Mohamed acabe voluntariamente con la brutal represión con la que intenta doblegar a los saharauis si, como ocurrió durante la votación de la última resolución del Consejo de Seguridad, en cuanto alguien sugiere incluir un ligero tirón de orejas sobre el asunto (lo hizo EEUU), Francia frena en seco la iniciativa amenazando con hacer uso de su derecho al veto.

Volviendo a Van Walsum, no hay grandes diferencias entre cómo Baker expresó que "el verdadero problema" a la hora de resolver el conflicto saharaui está en la falta de voluntad del Consejo de Seguridad por aplicar las resoluciones de la ONU y el realismo con el que él ha manifestado que, "mientras Marruecos ocupara una gran parte del territorio y el Consejo de Seguridad no estuviera dispuesto a presionarle, el resultado no llegaría a ser un Sáhara Occidental independiente". ¿Por qué entonces Baker acabó siendo tachado de propolisario por los marroquíes y Van Walsum de promarroquí por el Polisario? Evidentemente porque Baker no llegó a formular esa cuadratura del círculo con la que su sucesor sugiere que imponerle a los saharauis una solución que no sea la ideal no tiene por qué ser una chapuza de acuerdo a derecho: "la legalidad internacional no es lo mismo que el derecho internacional. Evidentemente el Consejo de Seguridad no tiene más remedio que tener en cuenta la realidad política…".

Lo que nadie se explica en España es por qué no les advirtieron de estas sutilezas del derecho cuando miles de ciudadanos, entre ellos los ingenuos propolisarios, se volcaron del lado de la "legalidad internacional de la ONU" en la segunda guerra de Irak. O por qué Van Walsum, no ha incluido en su galería de reproches y advertencias sobre los graves errores de percepción de los prosaharauis el haber apoyado con entusiasmo en 1988 la decisión del Polisario de aceptar la mediación de Naciones Unidas que los ha metido en ese callejón sin salida que tan bien describe. La moraleja de todo ello refleja un organismo percibido como un ente oscuro en el que hay que resignarse a que todo, incluso lo malo, es posible. A ver si era eso, precisamente, lo que se pretendía...

Notas

[1] La sociedad española da "falsas esperanzas"

[2] El largo y complejo problema del Sáhara

[3] "Un Sáhara independiente es inalcanzable"

[4] La ofensiva del realismo en el Sáhara Occidental

[5] Sahara : Peter van Walsum critique sévèrement la société civile espagnole

[6] El precio de los fosfatos por las nubes

[7] L'ancien chef de la minurso soutient les idées de M. Van Walsum

[8] www.un.org/spanish/aboutun/charter.htm#Cap1

[9] WESTERN SAHARA: AFRICA’S LAST COLONY,

El misterio de los cascos azules en el Sáhara Occidental

[10] La autonomía es la única solución para problema del Sahara, según Erik Jensen

La ONU ofrece un censo de 84.000 electores para el referéndum de autodeterminación del Sáhara Occidental

[11] www.un.org/News/Press/docs/2008/gaspd398.doc.htm

www.map.ma/es/sections/politica/la_autonomia_es_la_u/view

[12] Entrevista de James Baker III

[13] Le Maroc réaffirme une disposition sans faille pour une négociation sérieuse

Etiquetas: ,


septiembre 11, 2008

 

Carta de despedida a Van Walsum

La ingenua franqueza y el supuesto desahogo de conciencia política del ex representante personal del Secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Peter Van Walsum, aunque más bien lo ha sido para Marruecos, posición que después de tres años de ocupar el cargo decidió tomar, porque según él "si el Consejo (de Seguridad) hubiera estado dispuesto a imponer una solución (…)", su análisis hubiera sido diferente, le ha llevado a expresar opiniones tan subjetivas como contradictorias que nos hemos visto obligados a responderle al tiempo que a preguntarle porque, es tal el enredo y los despropósitos, que llega uno a pensar si su verdadera intención no habrá sido la de confundir al que no sabe, engañar a los que confiaron en su labor y desprestigiar aún más si cabe a la ONU, criticando la pasividad de esta organización al no aplicar sus propias resoluciones referentes al derecho inalienable del pueblo saharaui a su autodeterminación.

Y es que a estas alturas de su vida y después de haberse desacreditado a sí mismo y haber mancillado su prestigio públicamente con una incoherencia propia de un novato fácilmente manipulable, no puede justificar su trabajo nadando en aguas turbulentas mientras reconoce que la legalidad está de parte del POLISARIO, es decir, del pueblo saharaui, pero Marruecos se muestra más implacable y es perro faldero de algún miembro permanente en el Consejo de Seguridad.

¿Por qué no dice usted las cosas como son? ¿Por qué no aparta toda esa paja de su discurso y se centra en lo cierto? Es simple, Sr. Walsum, basta con centrarse en la idea principal, en no desequilibrar la verdad, en mostrar valor para reconocer lo que es de justicia y si no, en dimitir con honor antes de venderse al mejor postor. Eso, Sr. Walsum, se logra con pocas palabras, sin necesidad de explicaciones a destiempo y por supuesto, con coherencia y claridad absoluta.

El "problema del Sáhara", no es complejo Sr. Walsum, aunque sí largo, sobre todo para el pueblo saharaui que en estos 33 años de exilio ha visto morir a muchos de sus hijos, nacer a otros en tierras que no son suyas y están cansados de escuchar a personas como usted que les dicen que "nada cambiará", porque las cosas cambian, sólo basta que uno quiera y el pueblo saharaui quiere. Quiere volver a su hogar, quiere volver y crecer en la tierra de sus antepasados, quiere vivir en libertad con un estado soberano y democrático, quiere decidir su futuro y que se respeten sus derechos como seres humanos y como pueblo con identidad nacional y cuando un pueblo quiere, y se sabe en su legítimo derecho, Sr. Walsum, le aseguro que nada le hará retroceder, por lo que es una ofensa y un menosprecio a nuestro pueblo insinuar que "si el POLISARIO renunciara a la independencia total contaría con un gran apoyo internacional". ¿Qué parte de todo lo que ha visto en estos tres años no ha entendido? Porque hasta la fecha son más de ochenta los países que reconocen a la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), centenares de asociaciones en España y otras tantas en el resto del mundo. El pueblo saharaui y por consiguiente el POLISARIO, cuenta con un gran apoyo internacional en su lucha pacífica por la independencia total. Ningún país del mundo ha consentido admitir la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

El conflicto del Sáhara no es insoluble Sr. Walsum, lo que pasa es que hace falta valor para admitir que Marruecos se burla de la Comunidad Internacional, de las Resoluciones de ONU y que su propuesta de autonomía, además de inadmisible, no es más que una tapadera para desviar la atención de la grave violación de los derechos humanos que el pueblo saharaui en los Territorios Ocupados lleva padeciendo desde la invasión marroquí y por la que existen los Campamentos de Refugiados y miles de desplazados saharauis en el mundo.

Si las instancias internacionales carecen de fuerza ejecutiva como usted declara, para la aplicación de sus resoluciones, es un problema añadido que afecta al pueblo saharaui y todos los pueblos del mundo, además de la suma gravedad que eso significa por la indefensión a la que nos vemos expuestos y la frustración ante la labor que deberían desarrollar, que tiene como fin la práctica de sus dictámenes. La debilidad de Naciones Unidas agota, pero no es razón suficiente para claudicar ante el invasor genocida y renunciar a nuestro derecho a la libre determinación. Marruecos sabe muy poco de diplomacia y mucho de prostitución política, o lo que es lo mismo la "real politique", si espera que el pueblo saharaui rinda pleitesía a semejante gobierno invasor y criminal, es que ha perdido usted el juicio o ya tiene la jubilación asegurada con la mansión que le espera en Tánger en la misma calle en la que se encuentra la del Sr. Pérez de Cuellar. El pueblo Saharaui ya ha perdido mucho, a otro tanto ha renunciado y aún sigue su lucha con las mejores armas de las que se puede disponer, la verdad, la legalidad y su deseo inquebrantable a ser un pueblo independiente y libre.

Cierto que algo tiene que cambiar: que el agresor deje de agredir, el invasor devuelva lo que no es suyo y que la ley imparta justicia. Ya procuraremos que lo que venga se haga bien.

Por un Sáhara libre,

Salka Embarek.

Etiquetas: , , ,


septiembre 07, 2008

 

Sahara Occidental: el verbo saharaui conjugado en el presente; Beatriz Martínez

Dicen que el contencioso sobre el Sahara occidental ha durado 33 años. ¿Es acaso que ya no hay refugiados saharauis en Argelia? ¿Han parado, ¡por fin! las sistemáticas violaciones de los derechos humanos en el territorio del Sahara occidental ocupado por Marruecos? Ni aunque fuéramos iletrados todos los habitantes del planeta, estaríamos en condiciones de responder que sí.

Quienes desde la legitimidad atribuida a los actos de poder de las élites hegemónicas sitúan en tiempo pasado hechos violentos que conforman nuestro presente, corren un triple riesgo. A corto y medio plazo, por un lado, perder la credibilidad pública de sus relatos, que gracias al pábulo y la aureola con que los medios de información y comunicación envuelven sus palabras acabamos desconfiando de lo que nos cuentan y finalmente los clasificamos como un producto más de ficción. Por otro, al ocultar la voz de los protagonistas directos de la realidad de la que se habla se está exonerando a los concausantes de la violencia que sobre ellos se ejerce. Finalmente, tratan de imponer su verdad a toda costa, pero no quedan libres de que los subalternos, en justa defensa, estampen en el rostro de sus legítimos dueños la violencia que ellos mismos han generado. A largo plazo nadie sabe a ciencia cierta qué puede ocurrir. La correlación de fuerzas en el tablero de juego del poder no siempre es la misma.

Cuando los funcionarios de los organismos internacionales encargados de contribuir a la paz mundial comparten los intereses de los violentos, nos encontramos una vez más, frente a otra ya cansina e insultante sentencia reductora de algún pueblo a la nada. La condena que se impone, en el caso del Sahara occidental, es la de los colaboradores de los cuatreros, gratuitamente hecha fuera de la ley (Resolución 1514 de la A. G. de las NN.UU., resoluciones 658, 690 y 1495 del Consejo de Seguridad) sin juicio previo, que condena a los saharauis a ser un grano en la arena en la hamada de la globalización.

El efecto de verdad que se persigue materializar entre el común de las gentes es que no existe un presente saharaui pujante y combativo en multitud de frentes. Por eso insisten, a pesar de las lacerantes críticas, también no saharauis, en lo errado de sus planteamientos. Siguen adelante porque sus pretensiones son las de hacernos caer en la trampa de que existen razones ‘históricas’, que combinadas con la esencia pragmática de sus postulados políticos acabaremos todos dando por legítimo el uso arbitrario e indiscriminado de la intimidación, que pasa a ser llamada solución consensuada del conflicto.

Afirman que “el largo y complejo problema del Sahara” es un problema insoluble, pero que con voluntad política podría resolverse. Como si durante los 17 años que dura el alto el fuego entre la RASD y Marruecos no hubiera existido la madura e inquebrantable voluntad política en el espacio del Sahara occidental, el exilio y el refugio en la hamada de alcanzar un futuro respetuoso con la libre expresión de las poblaciones en este escenario de conflicto de la ex colonia española, con la escrupulosa y limpia lectura, además, del Frente POLISARIO de los acuerdos al más alto nivel para alcanzar el referéndum pactado, con el fin de que se pueda, podamos todos, escribir sólo una línea en la historia de la humanidad con el alfabeto de la justicia y la tinta de la libre expresión de las voluntades, con la satisfacción de escribir nuevos versos de la madera con la lengua universal de la paz que es la que entendemos quienes verdaderamente la construimos.

Recordar. Hay que hacer recordar a cada instante que el referéndum pactado no responde a los arbitrarios deseos de autoafirmación de un ‘otro grupo étnico’ en detrimento de otros, ni a la imposición de una sola posible salida al único territorio africano pendiente de descolonizar con la independencia plena, pues en este heterogéneo mundo en el que cabemos todos existe un pequeño y amante lugar en donde es posible que la generosidad sea amplia e inteligente, aprendiendo y enseñando todos los días a sobreponerse al dolor del asesinato, sabiendo cómo mantener lazos fuera de sí mismos porque en ello les va la unión con los suyos, comprendiendo a carta cabal que recuperar la esperanza pasa por cobrar plena conciencia de que nos necesitamos
[1]. Así es como en la dinámica de la solidaridad internacional que mantenemos con los saharauis se intenta colar por la gatera el riesgo que supone dar falsas esperanzas al Polisario, esperanzas dadas por quienes pensamos que no era ético esperar que el Polisario aceptara la realidad política, la de Marruecos, claro; los saharauis, según esta lógica, no disponen de realidad política con la que ‘consensuar’ porque no conforman un Estado a imagen y semejanza de lo considerado como tal por occidente. Son un ‘grupo subalterno’ y en inferioridad de condiciones para ejercer la política en plano de igualdad, por tanto, si los estados que conforman el Consejo de Seguridad no suelen debatir los factores políticos, ¡cómo van a poder hacerlo los saharauis a través de sus instituciones! Pero el Consejo de Seguridad, como organismo autónomo, supuestamente ajeno a los intereses de cada Estado-nación, no tiene más remedio que tener en cuenta la realidad política para alcanzar resoluciones que no conculquen la legalidad internacional, queda por arte de magia transformado en el garante de la paz porque ejerce la patria potestad sobre los pueblos ‘menores de edad’ a los que no se les puede dejar de tutelar, precisamente porque ha de garantizarse la seguridad internacional. En este juego entre el ratón y el gato, lo que al final se nos mete por la gatera son ejércitos reales armados hasta los dientes que sustituyen a los factores políticos si bajamos la guardia. Por supuesto que la hegemonía no lo dice con esta claridad, porque el lenguaje del poder antidemocrático, si no es perverso, no es tal. El asunto, entonces, se expresa en términos como el que sigue:

Los potenciales factores políticos pueden ser, por ejemplo, el miedo al efecto desestabilizador de una acción coactiva, la seguridad de que reparar una injusticia 33 años después pueda reportar nuevas injusticias, o la renuencia a contribuir a la posible creación de un Estado fallido.

¿Es que sólo los saharauis saben que las opciones políticas del referéndum son tres: la independencia, la integración en el reino de Marruecos y la autonomía? El ex enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sahara occidental, Peter van Walsum, parece que no se ha enterado todavía. Quizá sea porque mientras ocupó el cargo no se ha contentado con expresar con absoluta libertad sus opiniones personales en la prensa, por mucho que el diario El País afirme lo contrario. Por mucho que le arropen los medios de comunicación diciendo que ha tenido que tirar la toalla. No, miren ustedes, la verdad es que el Secretario General de la O.N.U. no le ha renovado el mandato. Por supuesto que el máximo representante del POLISARIO le ha recusado, pero siendo políticamente miembro de un grupo ‘étnico’ menor de edad, la responsabilidad de la no permanencia en el cargo no recae sobre Mohamed Abdelaziz, sino sobre las declaraciones voceadas a los cuatro vientos por Walsum de que la solución menos laboriosa es la de que el Polisario pudiera contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia total.

Cuando quien media en un conflicto ofrece a una parte la ‘opción’ de claudicar sin razones razonables, afirmando que si en algún momento futuro el Polisario está dispuesto a examinar esta posibilidad, espero (...) que presente su propia propuesta global de autonomía, no puede hacer recaer la responsabilidad de agravar el bloqueo y de perpetuar el statu quo en quienes pudieran contribuir a crear un Estado fallido. Este argumento ya no es posible hacerlo real, ni en los territorios ocupados, ni en los campamentos de refugiados, ni entre el movimiento de solidaridad con el pueblo saharaui. Quienes confunden al pueblo con el Estado no se ha tomado la molestia de conocer la grandiosa y modesta aportación del Frente POLISARIO y del pueblo saharaui a la construcción de la democracia participada por un pueblo. Porque quien hace largo el esperar y complejiza los problemas políticos de tal forma que empuja a intentar hacerlos insolubles, muestra una actitud, en la actual situación poscolonial en la estamos, propia de un chiquillo consentido y malcriado al que hay que ayudar a descolonizarle la cabeza de la idea de que el antojo injustificado puede conseguirse por cualquier medio. Es sano contribuir a la paz internacional con el aprendizaje de ajustar la realidad a lo posible sin rebasar los límites del respeto, pues las falsas esperanzas son fuente de frustraciones, impotencia y amargos sinsabores. De esta cuestión los saharauis son maestros expertos.

Porque hay que se claros cuando tomamos decisiones. El largo y complejo problema de la descolonización del Sahara occidental tiene planteadas ya soluciones realistas para la coexistencia pacífica. No son otras que las formuladas por el Frente POLISARIO que cuentan con un abrumador apoyo internacional, apoyo que no dispone la propuesta de una hipotética autonomía en un estado sin autonomías dentro del reino alauita.

Si algún día esta autonomía se impusiera por la vía de la violencia y la coacción antidemocrática seguirán y seguiremos defendiendo el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Pero en ningún caso abrigando la idea de que reparar una injusticia traiga consigo más injusticia. Al contrario. Desde hace 33 años la RASD es un ejemplo vivo sobre uno de los pocos estados, a pesar de que las fuerzas hegemónicas actúan en su contra, más exitosos del siglo XX y de lo que llevamos del XXI.

¿No será que lo que está aumentando es la sensación de que cuanto más se acosa al pueblo saharaui más se acerca el futuro de la independencia en el presente? Si plantear la aceptación de la autonomía por los saharauis pasa por afirmar cosas como la plasmación de garantías sólidas, avaladas internacionalmente, de que en el futuro no se revoque el acuerdo constitucional pactado o de que, aduciendo razones de seguridad nacional, no se vayan socavando gradualmente derechos civiles como la libertad de expresión en Marruecos, es que todo está cambiando por momentos y que la comunidad internacional, si en ella incluimos las sociedades, apoyará con mayor razón y firmeza la lucha de liberación saharaui que, hoy por hoy estamos convencidos, no tiene todavía fecha de finalización, incluso aun después de la celebración del referéndum legalmente pactado.

Beatriz Martínez Ramírez; Socia del CAUM, Club de Amigos de la UNESCO de Madrid.

Alcalá de Henares, 4 de septiembre de 2008.

*Ver otros artículos de la autora:

Basta

Las argucias del colonialismo español en el Sahara Occidental

----------------------------------------------

[1] Uno de los lemas del CAUM, Club de amigos de la UNESCO de Madrid.

Enlace de la noticia

Etiquetas: , ,


agosto 10, 2008

 

Basta

Basta[i]

Desde el corazón del oprimido se exalta la rabia contenida. Chejdan Mahmud Yazid

¿De qué sociedad española habla el diario El País que da falsas esperanzas al pueblo saharaui refugiado en un desierto hostil? ¿Ganas de amargar las “vacaciones en paz” de la chiquillería saharaui que pasa un verano más en nuestros pueblos y ciudades refugiados de los cincuenta mortíferos grados que caen sobre sus progenitores en la Hamada argelina? ¿Cumplimiento del deber de informar sobre lo que ocurre en la trastienda poscolonial del Magreb o cumplimiento de qué último dictak sobre la resolución de los conflictos regionales en África?
[1]

Hay una gota de rabia quemándonos las gargantas. Liman Boicha

Mientras nuestra política internacional siga estando presidida por el devenir de unas prácticas sostenidas en el oscurantismo, la desmemoria, la tergiversación mediática interesada, la participación de nuestro ejército en intereses geoestratégicos imperialistas sin consultarnos y el regalo/venta de armas a países que violan sistemática y abiertamente los Derechos Humanos, por ejemplo Marruecos, nos asiste el derecho de afirmar, siguiendo a Joan E. Garcès,
[2] que la sociedad española es ilusoriamente soberana e intervenida por estrategias globales ajenas a nuestro sentido práctico de la solidaridad internacional, que podemos decir con satisfacción, a pesar del violento cerco de descrédito desplegado, todavía conservamos, como por ejemplo la que mantenemos con el pueblo saharaui.

Porque aun sigue/ en pie mi jaima / seguiré remendando las huellas / que el siroco va borrando de la historia. Ebnu

Pero el diario El País, para que la venta de su producto ideológico surta eficazmente los beneficios esperados, necesita ofrecer a los consumidores de información visos de credibilidad en lo que escribe. Para ello contrata personal especializado que se encarga de sancionar la veracidad de las palabras puestas a la venta, aunque los hechos las desmientan. Así es como junto al artículo aludido anteriormente aparece un escrito con formato de noticia titulado “Un Sahara independiente es inalcanzable” y abajo con letra chica: “Peter van Walsum, enviado de la ONU, insta a negociar con Marruecos la autonomía”. Su autor: Ignacio Cembrero. Es decir, que el Frente POLISARIO compre en oferta sin garantía democrática una autonomía dentro del reino de Marruecos vendiendo a una parte de su pueblo, el refugiado en la Hamada, el fin de sus sufrimientos. Aparte de lo inmoral que resulta que un diario de tirada internacional dé sostén, sin permitir divulgar una contestación crítica, a la idea de uso como moneda de cambio de las generaciones de niños saharauis nacidos y criados en el refugio argelino, lo preocupante de los escritos de Ignacio Cembrero y otros tantos preclaros ‘especialistas’ conocedores de lo que les ocurre también a los saharauis que habitan el territorio del Sahara Occidental cuando defienden los derechos humanos conculcados por el reino alauita, (amén de la ausencia de ética profesional cuando se oculta para desinformar) es la lección política que imparten de cinismo pacato y colaboracionista de las ‘novedosas’ maneras de “desactivar los conflictos regionales”. Es la concreción de lo que el presidente Bush dictó en Berlín el 23 de mayo de 2002:

“O construimos un mundo de justicia o viviremos en un mundo de coerción. La magnitud de las responsabilidades que compartimos hace que nuestros desacuerdos parezcan tan insignificantes”.[3]

Y específicamente esta colaboración con el plan estratégico Bush de "colaborar con otros para resolver conflictos regionales", supone que los encargados de elaborar las fórmulas políticas de los Estados Unidos encaminadas a tal fin deben

coordinar con los aliados europeos e instituciones internacionales, lo que es "esencial para la mediación constructiva en los conflictos y el éxito de las operaciones de paz", y

ayudar a los estados africanos "con capacidad de efectuar reformas y las organizaciones subregionales" que "deben ser reforzadas por ser el medio básico para hacer frente a las amenazas en forma sostenida”.
[4]

Y se contratan y subcontratan técnicos en el diseño de fórmulas de ‘mediación en operaciones de paz’ que ayuden a reformar o transitar hacia escenarios de ‘libertad’ frente a supuestas amenazas terroristas que dificulten los acuerdos comerciales, como por ejemplo el primer Tratado de Libre Comercio firmado por Estados Unidos con un país africano, Marruecos.

El tiempo va, siempre va / dejando callos en las manos / de la historia. Luali Lehsan

Por eso nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, el señor Moratinos, la persona encargada de seguir tejiendo los hilos que confeccionan las relaciones bilaterales con el más insaciable depredador de materias primas y energéticas de la Tierra, manifestó su desagrado con la postura de el Frente POLISARIO de recusar a Peter van Walsum, pública y unilateralmente situado a favor de la propuesta ‘autonómica’ marroquí y la ‘irreal’ celebración del referendum. Nuestro problema interno de descolonización inconclusa pasa a ser un ‘desacuerdo insignificante’ sobre el que hay que seguir escondiendo la cabeza, pues el miedo a enfrentar el uso de nuestra soberanía nacional para resolver -¡en un marco de legalidad internacional!- nuestra responsabilidad política para descolonizar de una vez por todas el Sahara occidental, encuentra su explicación en la vieja maraña, tejida en los años de la dictadura franquista, de subordinación total a los dictados impuestos por nuestro aliado estadounidense.

Decirles que la tierra no es de ellos. Ali Salem Iselmu

Y así se explica también por qué el lobby mediático insiste una y otra vez en hacer responsables únicos de la situación en la que se encuentra el pueblo saharaui a ellos mismos y, sobre todo, a sus gobernantes, el Frente POLISARIO. A los voceros mediáticos en suelo ibero de ‘las soluciones negociadas de los conflictos’ no se les pasa por las mientes pensar que son precisamente los saharauis los primeros y principales interesados en resolver de una vez por todas y en libertad sus serios problemas de subsistencia e indigna vida a la que se han visto abocados precisamente por defender la dignidad, su soberanía y la libertad para desarrollarse en un mundo de justicia sin coerción.

La sociedad española, empachada de mentiras y padeciendo las consecuencias de la enfermedad mental de la hipocresía que se ha instalado en los cuerpos de nuestros gobernantes, sin embargo conoce cara a cara a los saharauis, viaja a Tindouf, concede a Aminetu Haidar, premio Bandrés de los Derechos Humanos, y sobre todo, hace lo contrario que sus gobernantes, respeta el modo y la manera en que los saharauis se autogobiernan a través de los organismos e instituciones de la RASD y no pone en duda la legitimidad del Frente POLISARIO, defensor y representante de su soberanía nacional. Porque también

"Sabemos que para defender determinados intereses se hace necesario repetir con insistencia algunas ideas clave para sostenerlos -los intereses- hasta convertirlas en verdad aparentemente objetiva, aun a sabiendas de que pueda darse la posibilidad de demostrar que son una falacia -las ideas-, así como los argumentos que las sustentan".
[5]

¿Hasta cuando seguiremos los saharauis aclarando la obviedad?. Zahra El Hasnaui Ahmed

Aparte de la mayor productora de falsedades sobre unos ‘otros árabes’ construidos para el imaginario occidental como seres terroristas y sanguinarios radicada en Hollywood, desconocemos la trama empresarial y sus filiales españolas dedicada a la importación y exportación de los imaginarios sobre los que el pensamiento hegemónico fabrica y vende la realidad del mundo en que vivimos. Otra cosa es que los compremos y nos lo creamos. Haciendo uso del sentido común y de la analogía, encontramos en Peter van Walsum, el enviado para el Sahara occidental por el Secretario general de la ONU a las conversaciones abiertas en Manhasset, una materialización del pensamiento de Samuel Huntington que allá por 1975 planteaba que

la democracia es sólo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente aplicable universalmente. El funcionamiento efectivo de un sistema democrático requiere cierto nivel de apatía y de no participación por parte de algunos individuos y grupos [...] Hay también potencialmente límites deseables a la extensión indefinida de la democracia política”.
[6]

La lucha de liberación de El Frente POLISARIO, el nacimiento de la República árabe saharaui democrática y la subsiguiente guerra con el país que usurpó el territorio legitimado para la descolonización, Marruecos, abrió una brecha por donde respirar entre las estrategias descolonizadoras de las potencias europeas y los regímenes despóticos de Franco, Salazar, Somoza, Trujillo o Pinochet, protegidos y privilegiados por los gobiernos estadounidenses. Cuando la tortura, la cárcel y el asesinato de los líderes e inteligencias no cooptados por el poder imperial dejaron de ser los límites impuestos para la imposición de las democracias bipartidistas, llegaron las ideas de las transiciones hacia modelos estatales definidos como ‘deficitarios en democracia’. Y el POLISARIO, en 1991 en consonancia con la situación geoestratégica internacional, acepta el alto el fuego como vía de solución para una independencia negociada: el referéndum. Desde entonces no ha cejado en su intento de hacerlo efectivo tratando al tiempo de dar salida al “presente continuo” que supone vivir y crecer bajo la identidad de refugiad@ en un desierto que no es suyo sobre el que parece se sostiene la RASD. Sabemos que no es así, que el Estado saharaui son sus gentes porque los saharauis son nación, estén donde estén o vivan donde vivan.

Ya no se apaciguará la lámpara encendida / que se transforma lentamente en una luz rebelde y sabia. Ali Salem Iselmu

De ahí pensamos que deviene la fuerza y la resistencia saharaui. Y es ahí precisamente donde más se ceban los encomenderos de ‘domesticar’ a las hijas e hijos de la nube. Dejar que sea el tiempo de permanencia en la Hamada el encargado de transformar la resistencia en un tiempo para la apatía y la no participación en los asuntos públicos, para que poco a poco el buen corazón que guía la ayuda solidaria ofrecida en los campamentos sea el ariete por donde sustentar la subordinación política, social, cultural y económica del pueblo saharaui a los ‘dadores’ de la ayuda al desarrollo ¡en un campamento de refugiados! Más claro. Intentar conseguir por todos los medios el máximo debilitamiento de la capacidad política de articulación del Frente POLISARIO con su gente.

Y si no me escuchan, otra vez, / ¿qué hago?. Bahia Mahmud

¿Cómo seguir adelante si, como aventuran los agoreros partidarios de la desesperanza, fracasa nuevamente la negociación con Marruecos? Esta delicada pregunta tiene, sin duda, diferentes respuestas. Peter van Walsum, arte y parte en el asunto, ya nos ha dado la suya. Gracias. Demos por bien usado el dinero, suponemos que público, empleado en pagarle el salario. Pero no podemos compartirla. No sólo porque estaríamos contraviniendo la legalidad internacional, o porque sigamos considerando inmoral el abandono hacia un futuro incierto del pueblo saharaui, sino y sobre todo porque serán los saharauis los encargados de tomar sus propias decisiones, como pueblo soberano que es.

Los saharauis, sépanlo, que al ser conscientes de encontrarse en las antípodas del desarrollo democrático dado en el reino de Marruecos, que al no albergar deseos expansionistas en el Gran Magreb, que al serles materialmente imposible en las condiciones actuales contribuir a la necesaria tarea democratizadora en las regiones tanto del sur, como del norte del reino de Marruecos, (trabajo que en todo caso debería ser objetivo de las instituciones internacionales encargadas de la mediación constructiva en los conflictos con el fin de ayudar a aquellos estados africanos que, como Marruecos, o bien albergan amenazas terroristas reales, o bien practican el terrorismo de estado) los saharauis sólo exigen, con justificada indignación, no una independencia graciable resultado del fracaso colonial español, sino el derecho a una justa independencia ganada en el terreno de batalla, demostrada por la vía de la negociación y, sobre todo, alimentada por el deseo unánime de todo un pueblo por alcanzar la paz. Basta. Porque

No pudo morder la mentira, / la geografía inmensa / de tus alas blancas. Zahra El Hasnaui Ahmed

Beatriz Martínez Ramírez, socia del Club de Amigos de la UNESCO de Madrid.

Alcalá de Henares, 9 de agosto de 2008

__________________

[1] En referencia al artículo “La sociedad española da ‘falsas esperanzas’

[2] Garcès, J. E. (1996/2008) “Soberanos e intervenidos. Estrategias globales, americanos y españoles”. Ed. Siglo XXI.

[3]Estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos de América”(2002) La Casa Blanca, Washington. Distribuido por la Oficina de Programas de Información del Departamento de Estado de Estados Unidos.

[4]África: Máxima Prioridad Política en el Nuevo Plan Estratégico del Presidente Bush” (2002) En ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DE ESTADOS UNIDOS: UNA NUEVA ERA.

[5] Beatriz Martínez (2007), de “Las argucias del colonialismo español en el Sahara occidental”. URL http://www.loquesomos.org/lacalle/tuopinion/Lasargucias.htm y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45475

[6] Informe Samuel Huntington. Citado en Garcès, “Soberanos e intervenidos”, p. 176.

[i] Este título, así como los subtítulos de este artículo, pertenecen al libro de poemas “Aaiún: gritando lo que se siente”, de la Generación de la Amistad Saharaui. UAM. Madrid 2006, y al Calendario Saharaui octubre 2007/octubre 2008 editado por la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid.

Enlace de la noticia

Etiquetas: , , , ,


mayo 10, 2008

 

La ofensiva del realismo en el Sáhara Occidental

Por Ana Camacho

GEES. Colaboraciones nº 2287 9 de Mayo de 2008

Con la colaboración activa de la diplomacia española, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas acaba de aprobar una resolución sobre el Sáhara Occidental que da abiertamente un espaldarazo a las tesis con las que Marruecos viene defendiendo que el conflicto que desencadenó en 1975 con la invasión de la colonia española, sólo tiene una “solución realista”: que el pueblo saharaui renuncie al derecho a la autodeterminación que la propia ONU le reconoció y acepte la soberanía del agresor. Por el momento, la solución promarroquí ha hecho asomo con ropaje de sugerencia pero, de consolidarse esta nueva filosofía para la solución de conflictos, Kosovo dejará de ser un caso excepcional en la aplicación del derecho internacional. Lo mismo da que al Kosovo se le conceda el ejercicio a la autodeterminación que no le correspondía de acuerdo a derecho, y al Sáhara, por el contrario, se le prive de la autodeterminación que le reconocían las resoluciones de la ONU. Su trasfondo deja un mismo poso, el que reduce la aplicación del derecho internacional a un juego cuyas reglas varían en función de los tejemanejes estratégicos de las grandes potencias que controlan el Consejo de Seguridad.

La resolución 1813 aprobada por unanimidad el pasado día 30 admite que, aunque el Frente Polisario y Marruecos se han comprometido a seguir el diálogo iniciado en junio de 2007 en Manhasset (EEUU), el proceso para hallar una solución pacífica al conflicto, se encuentra estancado. Para superar el bloqueo, el texto "hace suya” la recomendación del informe del secretario general del pasado 14 de abril “de que la visión realista y el espíritu de compromiso de las partes son esenciales para mantener el impulso del proceso de negociaciones". Aparentemente, la semántica del texto parece repartir de forma ecuánime entre las dos partes en el conflicto, el Frente Polisario y Marruecos, el deber de ceder ante el pragmatismo que requiere la paz. Sin embargo, la satisfacción manifestada por el Gobierno de Marruecos ("consagra la preeminencia de la propuesta marroquí de autonomía", dicen en Rabat) en contraste con la consternación del representante saharaui en la ONU, Ahmed Bujari ("una maniobra para descarrilar el proceso y la descolonización que conlleva", ha protestado), reflejan sin equívocos quién se ha llevado el gato al agua en la nueva ronda de esta partida onusiana.

En efecto, este énfasis en el realismo presenta demasiadas coincidencias con las declaraciones efectuadas, el 21 de abril por el enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, el holandés Peter Van Walsum, cuando dijo que la independencia del territorio no es una "solución realista", como si la ONU, en realidad, en lugar de haberse comprometido a organizar el referéndum hubiese estado dedicándose desde 1991 a evaluar la conveniencia o no de aplicar la doctrina que da al pueblo saharaui el derecho a elegir libremente entre la anexión o la independencia y que Marruecos aceptó y, una vez implantado el alto el fuego, repudió.

Por si subsistiesen dudas de cuál es el sentido que corresponde a la invocación al realismo, conviene consultar las reacciones del Departamento de Estado en Washington sobre la nueva la resolución: "un estado saharaui independiente no es una opción realista", han dicho sus portavoces para los que la "única" vía realista de solución es que el pueblo saharaui acepte de la política anexionista de hechos consumados marroquí.

Tras el paréntesis no promarroquí marcado por el segundo plan Baker que convirtió al ex secretario de Estado norteamericano en un enemigo de la diplomacia alauita, la estrategia de aproximación emprendida por el presidente Sarkozy con Washington favorece el realineamiento sin fisuras de Bush con la estrategia del rey Mohamed para evitar el referéndum de la ONU sobre el futuro del Sáhara. Marruecos, el gran aliado africano de Francia, también ha sido un tradicional e importante amigo de EEUU y las tesis promarroquíes son susceptibles de ganar más puntos en Washington si, dando satisfacción a las tradicionales ansias de liderazgo francés en el Magreb, el Departamento de Estado logra importantes contrapartidas en otros frentes de primera importancia para sus intereses como son la OTAN, Irak, Irán o Afganistán. Puesto que con ello también contenta a la España de Zapatero, subordinada a la política exterior francesa, la coyuntura favorece un gesto que insufla pasión a la luna de miel con Sarkozy, dejando atrás la tormentosa crispación antiamericana de Chirac. La adhesión al realismo promarroquí se convierte así en el justo premio a la constancia de una diplomacia en la que, desde 1975, jamás se ha producido el desvío de un Baker y que, por el contrario, ha sido muy combativa a favor de la anexión francofonizadora del Sáhara a Marruecos.

Aunque el secretario general Ban Ki-Moon se desmarcó oficialmente de las declaraciones realizadas por Van Walsum (dice el holandés) “a título personal”, su informe –que también hace referencia al "realismo y espíritu de compromiso de las partes"- lleva todos los síntomas de la gran tentación que supone para los responsables de la ONU apuntarse el tanto de un nuevo éxito pacificador sacrificando a la parte débil del conflicto. Es comprensible. El acatamiento del realismo por parte de los saharauis sería la solución perfecta para maquillar el descarrilamiento de un plan de paz al que la ONU ha contribuido con ese exquisito e inquietante cuidado con el que, en lugar de denunciar la continua labor de sabotaje marroquí a la organización del referéndum, ha evitado librar a Rabat de toda culpa. (Ver El misterio de los cascos azules en el Sáhara Occidental por Ana Camacho)

Los efectos de la resolución 1813 van, sin embargo, más allá de las arenas del antiguo Sáhara español. Así lo señaló el embajador de Suráfrica, país al que correspondía la presidencia del Consejo en el momento de aprobarse la resolución, y que intentó oponerse a la inclusión de ese malévolo realismo. "Se introduce la palabra realismo, que no está definida en ningún sitio, pero lo que parece que aquí se dice es que si eres débil, tienes que aceptar", dijo Kumasi Dumalo, al subrayar que el caso saharaui podría convertirse en un peligroso precedente para otros conflictos como el israelo-palestino.

No es el único mal sabor que ha dejado la resolución 1813 redactada y presentada por España, EEUU, Francia y Rusia en calidad de miembros del supuesto grupo de países amigos del Sáhara. Su proceso de gestación ha provocado una división entre los miembros del Consejo que ha enfrentado a representantes de estados pequeños (en cuanto a peso específico) frente a los grandes miembros con asiento permanente. El cómo la resolución fue sometida a los miembros no permanentes como un paquete cerrado para el que no había posibilidad de enmienda, arrastra para los que intentaron ponerse del lado del débil una triste moraleja.

Frente a la introducción del realismo, apoyada por EE UU y Francia, nada pudo la oposición de los países favorables al Polisario. Sudáfrica, Panamá y Costa Rica ni siquiera lograron amortiguar el golpe con un vano intento de añadir a la iniciativa una coletilla que confirmase que las previsibles concesiones debían hacerse en el marco del derecho internacional. Los intentos del embajador costarricense por introducir una referencia a los derechos humanos que perjudicaba a Marruecos, también rebotó sobre los escudos protectores desplegados por las dos grandes potencias amigas de Rabat.

Los representantes saharauis se enfrentan a un combate desigual. Por un lado, EEUU y Francia apoyando a Marruecos, y ellos, privados del que debería ser su principal valedor, España, que insiste en limitar su papel en la cuestión al de correveidile de la diplomacia gala, aunque sea en contra de sus propios intereses. Ni siquiera el bofetón que Sarkozy acaba de propinarle a España, al declarar oficialmente difunto el Proceso de Barcelona, parece que va a lograr hacer reaccionar a los cerebros de esa acción que se escuda en la supuesta contribución al fortalecimiento de Europa para no tomar ninguna iniciativa que ponga en evidencia su aislamiento internacional.

Puede que Moratinos intente disimular la humillación y vendernos que nada tiene que ver el Proceso de Barcelona con el conflicto del Sáhara pero, evidentemente, lo menos que se puede hacer con un estado que hace dejación de sus deberes y responsabilidades (los compromisos que España sigue teniendo por derecho internacional con el pueblo saharaui) en una pieza clave para la estabilidad magrebí, es no contar con él ni siquiera como florero que era para lo que seguía sirviendo la ficción del Proceso de Barcelona.

En la práctica, el Proceso de Barcelona lleva ya un buen rato extinguido pero, al menos, el ministro Moratinos podía seguir exhibiéndolo como un importante activo de la política española en el Norte de África y de la estrecha colaboración hispano-francesa en el Magreb. El planteamiento de la primera cumbre de la Unión del Mediterráneo en París el próximo 13 de julio, deja bien claro quién lleva las riendas de esa "colaboración entre los pueblos" de las dos orillas del Mediterráneo que Sarkozy, tras recibir luz verde de Angela Merkel, pretende que herede en exclusiva su proyecto euromediterráneo.

A los diplomáticos españoles sólo les queda confiar en poder curarse del ridículo con las migajas que Sarkozy tenga a bien pagar la lealtad con la que España ha contribuido, por ejemplo, a la redacción de la resolución 1813 y su inestimable contribución a la introducción del realismo con el que, tras su fracaso internacional con la Alianza de las Civilizaciones, el Gobierno de Zapatero pretende contribuir a una nueva estrategia global pacificadora.

La incógnita, como siempre, es hasta dónde está dispuesta a llegar la solidaridad argelina con el pueblo saharaui. Por el momento, el comentario emitido en Argel ante la nueva resolución del Consejo de Seguridad, evita la polémica haciendo como que no se dan por aludidos por la correosa referencia al realismo para destacar el más positivo de sus párrafos para la causa saharaui, aquel que "exhorta a las partes a que continúen las negociaciones bajo los auspicios del secretario general, de buena fe y sin condiciones previas, teniendo presentes los esfuerzos realizados desde 2006 y los acontecimientos posteriores, con miras a lograr una solución política justa duradera y mutuamente aceptable que permita la libre determinación del pueblo del Sahara occidental en el marco de disposiciones conformes a los principios y propósitos de la Carta de la ONU".

El pase torero contrasta, sin embargo, con la rotundidad con la que tres días antes de aprobarse el texto con el que se prorroga el mandato de la MINURSO sobre el Sáhara, el primer ministro argelino, Abdelaziz Beljadem, reiteró el irrenunciable apoyo a la causa saharaui de su país en el mismísimo Marruecos. Fue con motivo del 50 aniversario del congreso de los partidos del Magreb Árabe en Tanger. Emborrachado quizás por el éxito que sus diplomáticos estaban cosechando en Nueva York y Washington, el ministro de Estado marroquí y dirigente socialista, Mohamed Yazghi, aprovechó la presencia de Beljadem en el encuentro para instar a los dirigentes magrebíes y, en especial al presidente argelino, Abdelaziz Buteflika "a apoyar el proyecto marroquí de autonomía para sacar del impasse actual la cuestión del Sáhara Occidental". El ministro argelino no dudó en responder que su país “siempre ha defendido las causas justas y a los movimientos de liberación” y no se plantea cambiar. Su respuesta fue tan clara y rotunda que la audiencia marroquí se sintió obligada a manifestar su indignación con abucheos y gritos de “Sáhara marroquí”.

El inequívoco mensaje argelino a Marruecos y sus aliados no se ha limitado a las declaraciones verbales. Mientras Beljadem respondía a la "provocación" marroquí, en Argel, la celebración de una conferencia internacional culminaba con la creación de un grupo interparlamentario africano de solidaridad con la causa saharaui. La iniciativa es un recordatorio para el rey Mohamed de que todavía tiene una importante asignatura pendiente en la ONU, con la familia de países africanos cuya solidaridad tiende a inclinar el apoyo de la Asamblea General del lado del Frente Polisario. Por ahora, a pesar de sus numerosas giras africanas, los amigos en la zona del rey Mohamed se limitan al menguante grupo de gobiernos incondicionales de Francia.

Enlace de la noticia

Etiquetas: , , ,


marzo 14, 2008

 

Terrorismo y guerra en el Sáhara

Por Ana Camacho

GEES. Colaboraciones nº 2214 14 de Marzo de 2008

La necesidad de reparar una imperdonable omisión de la Administración española ha deslizado un nuevo peligro para el Frente Polisario al que nadie, hasta ahora, había discutido su condición de movimiento de liberación del pueblo saharaui: el de ser rebajado a la categoría de una vulgar banda terrorista. La metamorfosis que está a punto de operar un novedoso episodio de revisionismo histórico amenaza por colarse de puntillas con la vía tomada por la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite) para exigir el reconocimiento y la asistencia que todavía hoy requieren los españoles que hace más de treinta años sufrieron las consecuencias de las acciones con las que el Frente Polisario intentó defender, en su propia tierra, el derecho inalienable a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Aparentemente, no se trata de un colectivo que actúe movido por una inquina antipolisaria o un resentimiento poscolonial sino, simplemente, por la certeza de que ese es el camino más efectivo para resolver el problema que arrastran los afectados. Sus demandas, sin embargo, actúan como la coartada perfecta con la que el rey Mohamed de Marruecos está a punto de lograr del Gobierno de Zapatero un reconocimiento institucional a su estrategia por tergiversar la historia de la invasión con la que intentó aniquilar al pueblo saharaui.

El Frente Polisario no es perfecto como tampoco lo fue la resistencia francesa contra la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial ni el ANC que luchó en la clandestinidad contra el apartheid surafricano y que, por cierto, fueron calificados de terroristas por los nazis y los racistas boers, respectivamente. Pero, hasta ahora, a nadie, con la obvia excepción de los lobbies promarroquíes, se le había ocurrido asociarlo con una forma de terrorismo y, menos aún, equiparar su actuación con la de ETA. El estigma del terrorismo se ha convertido hoy en día en un poderoso descalificativo con consecuencias políticas y legales tan graves, que colgarle este sambenito al Polisario es uno de los objetivos más codiciados por los amigos del rey Mohamed.

Los propios gobernantes marroquíes lo han venido intentando por varias vías. Una de ellas, aireando una cierta conexión entre el Polisario y el terrorismo islamista, que deslizaron incluso en el fragor de la tragedia del 11-M; otra, más antigua, recurriendo al supuesto símil entre el Polisario y la ETA. Su apuesta en esta batalla de la confusión semántica es que el silencio sobre el conflicto saharaui favorezca la desaparición de esa gran diferencia que marcan las más de cincuenta resoluciones de la ONU que reconocen el derecho del pueblo saharaui a autodeterminarse libremente y que brillan por su ausencia en el caso de la ETA.

El olvido, alevosamente fomentado por los muchos amigos del rey Mohamed en España, también pretende arrastrar a la opinión pública al equívoco con el que desde Rabat se señala al Frente Polisario como una banda cuyos hilos llevan a Argelia para romper Marruecos. Como si el Sáhara hubiese integrado un estado con Marruecos cuando, en 1973, en plena colonización española del territorio, el Polisario nació para dar continuidad a lo que había comenzado Bassiri, el primer mártir saharaui de la lucha por la liberación. Bassiri había desaparecido en 1970 tras su detención en los calabozos franquistas, por pedir pacíficamente a la dictadura española que pusiese en marcha, sin más dilaciones, el proceso de autodeterminación con el que se había comprometido ante la ONU a descolonizar el Sáhara.

Los propios militares españoles, que durante tres años se enfrentaron al Polisario, cuando se referían a los rebeldes saharauis preferían recurrir a términos como el de "subversivos" o "jóvenes radicales" a los que tachaban de antiespañoles, con toda la grave culpa criminal que entonces entrañaba este descalificativo. En sus informes sobre el Sáhara, el término terrorismo los responsables de los servicios de información español lo solían reservar para los pseudomovimientos de liberación como el Frente de Liberación y Unión (FLU) formados y armados por Marruecos para simular ante la comunidad internacional que los saharauis no querían la independencia sino que los españoles se marchasen del territorio para que la descolonización culminase con un regreso del Sáhara a la madrepatria marroquí.

Nadie mejor que los militares españoles sabían que los militantes del Polisario no eran monjitas de la caridad. Los muertos y heridos causados por sus acciones en las filas españolas facilitaron que ciertos sectores zanjasen con un "bien empleado les está", la invasión marroquí que en 1975 acompañó al indebido y cómplice abandono español del territorio. Pero ni siquiera el desahogo de su rabia podía permitirse el lujo de pisotear el sentido común que en la ONU se había opuesto a que se identificasen como terrorismo las acciones de autodefensa de los movimientos armados de liberación. El fin de la era que justificaba la sumisión colonial de los pueblos inferiores era irreversible y, ni siquiera la alarma ante un fenómeno que en 1972 comenzaba su despliegue con el secuestro de aviones de pasajeros, justificaba que las guerras de liberación nacional dejasen de tener en la ONU la consideración de estado de guerra y no de actos de terrorismo.

El Polisario era un enemigo con el que los que tenían la misión de preservar la presencia española en el Sáhara tenían pocas contemplaciones. Los combatientes saharauis que sobrevivieron a esa época recuerdan cómo caer prisionero de sus contrincantes españoles los exponía a la tortura, la deportación, la ejecución sumaria o, peor aún, la entrega a Marruecos que, ya entonces, también podía costarles la vida. Pero en esa siniestra lógica que suele conllevar toda guerra de descolonización, los enemigos españoles del Polisario tuvieron claro que el principal objetivo de los combatientes saharauis no era acabar con sus vidas sino dar publicidad a su causa y presionar al Gobierno español para que les devolviesen su tierra.

Así por ejemplo, cuando el Polisario ya llevaba un año actuando y había ya causado muertos españoles, un informe de los servicios de información españoles hizo una serie de curiosas constataciones. Unas giraban sobre la certeza de que no todas las acciones violentas que se habían atribuido al Polisario habían sido realmente obra suya. Otras subrayaban esa voluntad premeditada de los saharauis y sus aliados para minimizar los daños de su lucha: "En todos los ataques que han efectuado [el Frente Polisario] a los puestos o destacamentos se ha demostrado dos cosas en todas las ocasiones: 1) No han deseado hacer bajas ni en europeos ni en nativos; 2) Los medios de ataque han sido siempre muy pobres (falta de morteros, granadas de mano, etc.). En los encuentros en los que ha habido bajas ha sido siempre porque por nuestra parte se ha forzado la situación por una persecución que les ha obligado a hacer bajas a la desesperada y en defensa propia". Evidentemente, la situación que describió el informe no tenía punto de comparación con la violencia y alcance que, por ejemplo, había tenido la lucha de los argelinos contra los colonialistas franceses y su estela de decenas de miles de muertos.

Francia constituye un buen ejemplo de cómo el proceso descolonizador puede desembocar en una digestión muy lenta y pesada también en las antiguas metrópolis. El peso electoral que todavía mantienen los nostálgicos de la Argelia francesa, ha logrado que el Gobierno que se erigía en paladín de la comunidad internacional contra la barbarie del imperialismo de Bush en Irak, se enzarzase en su propia casa en una polémica con trasfondo muy imperial, por la implantación de una ley que obliga a reconocer los logros de la acción civilizadora de su colonización y, de forma especial, su aportación al desarrollo de Argelia.

El trauma poscolonial que la dolida grandeur arrastra desde 1962 por la pérdida de lo que consideró una provincia tan francesa como la Provenza, sigue hoy en día interfiriendo en las relaciones franco-argelinas, saboteando las buenas intenciones de los gobernantes de ambas orillas del Mediterráneo para sellar una potente y mutuamente provechosa alianza. Los demonios revanchistas nunca perdonaron a la Argelia del FLN el haber tomado el camino de la independencia ni la afrenta con la que luego se negó a sacrificar su vocación de potencia regional para limitarse a actuar como un simple peón de la hegemonía neocolonial francesa en África. Su alargada sombra ha jugado muy fuerte, por ejemplo, a favor del apoyo incondicional dado por París a Marruecos (modelo de sumisión poscolonial) contra un Polisario con respaldo de la díscola e incontrolable Argelia, aún a costa de sacrificar la legalidad internacional que la política exterior gala defiende en otros escenarios. Su lógica irracional también ha llevado a los políticos franceses a incoherencias incomprensibles como la de negarse a mostrar su arrepentimiento por las masacres coloniales en Argelia y, en cambio, promover una ley con la que exigen a los turcos pedir perdón por el genocidio de los armenios. Pero ni siquiera este discurso con el que la nostalgia imperial pretendió imponer por ley la exaltación de los beneficios intelectuales de la irrupción del camembert en las montañas del Hoggar, se ha planteado rescatar el término terrorista para señalar a los argelinos que rechazaron el honor de ser franceses.

Si nadie le toma la delantera, y todo indica que no hay peligro, esa novedosa lectura de los procesos de descolonización le corresponderá a los espadas políticos de la memoria histórica española. La oportunidad la ha brindado al PSOE de Rodríguez Zapatero la batalla que Lucía Jiménez, presidenta de Acavite, llevaba librando desde 1999, fecha de entrada en vigor de la ley de víctimas del terrorismo, para que su padre fuese reconocido víctima del terror. El supuesto atentado tuvo lugar el 10 de enero de 1976 en el Sáhara Occidental donde Francisco Jiménez se encontraba trabajando como electricista para Fos Bucraa, la empresa del Instituto Nacional de Industria que explotaba los yacimientos de fosfatos de la colonia española. España todavía no había finalizado su salida del territorio tras los acuerdos con los que, en noviembre de 1975, el último gobierno de Franco había entregado el pueblo saharaui al rey Hassán de Marruecos, violando las resoluciones de la ONU y sus deberes como potencia administradora. La traición española al pueblo saharaui había desencadenado una guerra a varias bandas que desplazaba por el territorio, además de las guerrillas del Polisario y el FLU, batallones de los ejércitos marroquí, mauritano y argelino.

El vehículo en el que Francisco Jiménez viajaba saltó por los aires al topar con una mina colocada (asegura su hija) por el Frente Polisario. De milagro, salvó la vida aunque con terribles secuelas físicas y psicológicas. Raimundo López, otro trabajador que acompañaba a Jiménez, murió en el acto.

Nadie puede negarle la solidaridad a quien el destino asignó el boleto de una siniestra lotería. Otra cosa muy distinta es que se atribuya a una falta de sensibilidad humanitaria las dificultades por las que la familia Jiménez pasó con el Gobierno del PP en sus intentos porque Francisco pudiese acogerse a la ley que reconoce el derecho a ser resarcidos o indemnizados por el Estado a "las víctimas de actos de terrorismo o de hechos perpetrados por persona o personas integradas en bandas o grupos armados o que actuaran con la finalidad de alterar gravemente la paz y seguridad ciudadana".

La flexibilidad que la familia Jiménez demanda para hacer cuadrar su caso en la única oportunidad que, por el momento, la ley ofrece para que las víctimas de actos violentos reciban la atención que requieren, obliga a una elipsis que omita que la paz y la seguridad ciudadana del Sáhara Occidental ya habían quedado quebradas desde octubre de 1975 con la invasión con la que el rey de Marruecos se había apropiado de la mayor parte del territorio y que allí el terror lo estaban cosechando las tropas, aviación y fuerzas de seguridad alauitas que arrasaron con furia genocida a una población civil indefensa.

La puntillosidad histórica podría quedar sacrificada en nombre de una buena causa si con ello no consumásemos un peligroso falseamiento de los hechos que acaba convirtiendo en crimen el derecho de los pueblos, reconocido por la ONU, a defenderse de una agresión de terceros.

La propia Jiménez ha asegurado que no busca culpables y que sospecha que la mina que marcó trágicamente el destino de su familia, no tenía por objetivo a los trabajadores españoles que permanecían en un territorio engullido por una guerra internacional sino a frenar el avance de las tropas marroquíes que, con el apoyo de sus aliados mauritanos, estaba esos días completando la ocupación ilegal del territorio. No parece por lo tanto ser su intención crear un precedente con el que también podrían pasar a adquirir la condición de terroristas José Martí, Simón Bolívar, George Washington, Ho Chi Minh o la mismísima Manuela Malasaña.

¿Y si el PP hubiese accedido a las demandas de Jiménez? Inmediatamente se hubiesen puesto en marcha los pásalos para movilizar la indignación contra lo que tenía todas las bazas de convertirse en un rescoldo de "nostalgias fascistas" por las glorias de la misión civilizadora nacional-católica, en un retazo revanchista de ese franquismo que no perdonó al Polisario su afinidad izquierdista o, también, en una nueva prueba de la contumaz tendencia pepera a pisotear la voluntad de otros pueblos.

En manos de los que consideran un anatema hablar de terrorismo palestino o que pondrían en la picota a quienes duden de que en Irak los terroristas son los invasores americanos y los iraquíes que ponen bombas, legítimos insurgentes, hubiese resultado sospechosa la certeza con que se asegura que la paternidad de la mina que dejó casi ciego y el cuerpo lleno de metralla a Francisco Jiménez, fue polisaria. No les hubiese faltado razón ya que, aunque el cierre de los archivos sobre el Sáhara hagan difícil esclarecer los hechos, fue en un discurso público que el propio embajador de Franco ante la ONU, Jaime de Piniés, al solicitar la intervención del Consejo de Seguridad contra la mal llamada Marcha Verde (la invasión alauita), denunció que "terroristas" marroquíes del FLU también habían contribuido a que el territorio saharaui estuviese sembrado de minas. Como también resulta muy arriesgado dar por hecho que los ametrallamientos sufridos por pesqueros canarios en aguas del Sáhara fueron siempre responsabilidad del Polisario: hay ejemplos y datos que muestran que la parte marroquí efectuó algunos de los ataques y luego se los atribuyó a los saharauis con el propósito de cortocircuitar un entendimiento hispano-polisario que no le convenía.

El PP hubiese tenido muy difícil sortear la indignación de las ONG que apoyan al pueblo saharaui. Los socialistas de Zapatero, en cambio, han convertido las reclamaciones de Jiménez y otras víctimas del conflicto del Sáhara en una prueba de que el PP, a la hora de la verdad, no tiene sensibilidad con las víctimas del terrorismo si no son de su cuerda. Así que, tras conceder en 2006 la indemnización que reconoce que Francisco Jiménez fue víctima de un atentado terrorista y que hay un grupo terrorista llamado Frente Polisario, se han mostrado muy receptivos con los propósitos con que Jiménez ha promovido que una las principales metas de Acavite sea la “institucionalización” del reconocimiento a las víctimas del terror Polisario.

A esta curiosa pirueta ha contribuido el apoyo que Acavite ha recibido de ACVOT, la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas que se secesionó de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) alegando que su entonces presidente Francisco José Alcaraz anteponía los intereses del PP a los de sus asociados. La ACVOT, acusada a su vez de seguidismo con Zapatero por la AVT, ha puesto mucho énfasis en subrayar que Acavite recurrió a ellos ante la falta de asistencia y sensibilidad mostrados por la "asociación de Madrid" al caso de las víctimas canarias.

Enredada en una carrera en la que cada bando tiene que demostrar su superior sensibilidad, la solución del dilema que plantea Acavite parece haber quedado encajonado en una disyuntiva en la que o se reconoce el terrorismo del Polisario o se da la espalda al dolor y la injusticia de unos ciudadanos a los que la Administración dejó a un lado considerándolos unas meras víctimas de la accidentalidad laboral.

El padre de Jiménez y los pescadores canarios que fueron víctimas de minas, secuestros y los ametrallamientos navales que se sucedieron en los años ochenta, cumplieron el viejo lema de que, al final, en una situación de disparate, acaban siempre pagando justos por pecadores. Ellos no tienen la culpa de que en enero de 1976 el Sáhara se hubiese convertido en el epicentro de una guerra tan sangrienta como para obligar a los marroquíes que llevaban la ventaja al cierre del aeropuerto de El Aiún para ocultar la evacuación de sus muchos muertos y heridos (así consta en los informes de los responsables españoles sobre el terreno). No es a ellos a quien corresponde compartir la culpa de las atrocidades de las que eran víctimas los saharauis que no se plegaban a enarbolar la bandera de los invasores o de los saqueos de los que ni siquiera los bienes españoles se libraban en cuanto marroquíes y mauritanos tomaban el control de las ciudades que los militares españoles eran obligados a abandonar por orden de la superioridad.

Tampoco se les debe seguir obligando a ocultar su dolor en contrapartida por el sufrimiento de mujeres, niños y ancianos saharauis que en su huida por el desierto fueron objetivo de los bombardeos de napalm con que por esos días los marroquíes intentaban barrer del Sáhara la resistencia dirigida por el Polisario. Ellos, como los saharauis, también fueron víctimas de la guerra que desencadenó una agresión que el Gobierno español tenía que haber evitado y no sólo por un imperativo moral sino porque la carta de la ONU le obliga a defender los intereses de los saharauis. El Sáhara era y sigue siendo (de acuerdo a derecho) un territorio administrado por España y todos, víctimas españolas y saharauis, quedaron indefensos por la inhibición de un Estado que no ejerció su deber de protección.

Queda más que justificado que el ex ministro de Justicia Fernando López Aguilar y los representantes del Gobierno que recientemente han vuelto a reunirse con Acavite demuestren con los hechos ese mayor compromiso social del que hacen gala frente al PP. Pero puestos a derrochar sensibilidad, cabe la posibilidad de diseñar una fórmula que demuestre ese respeto por todos los pueblos que Zapatero volvió a prometer en la campaña electoral.

Al fin y al cabo, bastaría con que en lugar de "víctimas del terrorismo polisario", se crease un epígrafe para los afectados de Acavite que los identifique como víctimas del conflicto del Sáhara o de la descolonización. La lealtad a la verdad no tiene por qué estar reñida con el respeto al dolor de las víctimas sean saharauis o españolas, a menos que Fernando López Aguilar, que suele presumir de sus habilidades para ser bien recibido por los gobernantes marroquíes, no prefiera el equívoco para ganarle puntos al ministro Moratinos. No hay más que consultar los blogs marroquíes sobre el Sáhara para comprobar la satisfacción que rezuma toda información sobre el terror polisario que genera la batalla de Acavite. Como decía recientemente un demócrata guineano y simpatizante de la causa de sus “hermanos” de la hispanidad africana, no es fácil alcanzar “el superlativo del asombro” que pone el mundo al revés haciendo que sean las perdices las que disparan a los cazadores.

Lucía Jiménez con Juan Fernando López Aguilar

Enlace de la noticia

Etiquetas: , , ,


This page is powered by Blogger. Isn't yours?